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sábado, 28 de julio de 2007

Chávez bebiendo en sus fuentes, aunque mal paguen...


En días pasados, cuando coloqué aquí el video del programa que transmitió Globovisión “Venezuela se uniforma” dejé pendiente un “Después hablamos...”, mi intención era que ese “después” se concretara con este post, cuyo tema y contenido ya tenía bastante claro en ese momento.

Curiosamente el primer comentario que recibió el post con el programa vino del amigo Fernando quién me invitaba a visitar su blog “
Luces y Sombras” para ver otro documental, esta vez sobre el “amor al líder”; eufemismo que maquilla el aberrado culto a la personalidad que se profesa en Corea del Norte y que seguramente no escapa a las fantasías de adulación y amor incondicional que parece necesitar el “líder” del Chavismo.

No creo en las casualidades: Lo primero que me recibió al abrir el blog del amigo Fernando fue la foto histórica del Padre Luis María Padilla auxiliando infructuosamente al Cabo 2do Sequera durante “El Porteñazo”, (que es la foto que ilustra este post y que le valió el premio “Pulitzer” a su autor, el fotógrafo venezolano Héctor Rondón Lovera) y es que mi intención era, justamente, reseñar aquí que las fuentes ideológicas formales, de las que bebe Chávez, extraen sus turbias “aguas” precisamente de los organizadores, impulsores y perpetradores de los hechos criminales que se conocen en nuestra historia como “El Porteñazo” y “El Carupanazo”, incluso dejar claro que el propio Chávez es un producto del “trabajo” de estos mismos personajes en el seno de la Fuerza Armada Nacional (FAN).

Si están interesados en conocer detalladamente la “secuencia” de hechos de las rebeliones militares de El Guairazo, El Carupanazo y El Porteñazo les invito a leer el
material de esta página, una excelente y pormenorizada relación de los hechos.

El presidente Chávez nunca ha ocultado su personal relación con el conocido guerrillero de los 60, Douglas Bravo, de hecho la recuerda y la menciona con relativa frecuencia y es la punta de la madeja que permite recorrer ese trozo de sus historias personales, que vincula a nuestro Presidente con los impulsores del Porteñazo, una relación que a la postre configuraría y determinaría las características del “modelo” que hoy la mayoría de los venezolanos rechazamos.

Según nos cuenta Alberto Garrido, en su libro “Notas sobre la revolución bolivariana” (editado por el autor en el 2003), la decisión de infiltrar la FAN para ganar adeptos y construir en su seno un germen revolucionario de corte Marxista-Leninista, se la debe la “Revolución” a Douglas Bravo, Teodoro Petkoff y Eloy Torres quienes, en una reunión que sostuvieron en la casa del oficial Rafael Arraez Morles el año 1957, llegaron a la conclusión que, dadas las características socioeconómicas y culturales de la oficialidad y la tropa tal cosa, no solo era posible, era deseable.

Y tenían razón, poco tiempo después de iniciado el “trabajo” de captación tenían ya bajo la directriz del Partido Comunista Venezolano (PCV) una buena cantidad de oficiales y suboficiales que serían los que pocos años después, en 1962, participarían en el Porteñazo y en sus dos hermanas menores y previas “El Guairazo” y “El Carupanazo”.

De estos oficiales, los que lograron eludir las acciones represivas y punitivas del estado tras los alzamientos, se unieron directamente a la guerrilla castro-comunista que por aquella época, (gobierno de Rómulo Betancourt), medraba en nuestro país e intentaba deshacer el frágil estado democrático que renacía de los escombros que dejó la recientemente derrocada dictadura de Pérez Jiménez.

Reconocida la imposibilidad de victoria por la vía del alzamiento militar sobre la base de las fracasadas experiencias en la Guaira, Carúpano y Puerto Cabello, para el año 1964, Douglas Bravo, en su llamado “Documento de la Montaña” adelanta por primera vez la tesis de la necesidad de caracterizar localmente a la revolución, la necesidad de reconocer los elementos ideosincráticos locales para fusionarlos con el cuerpo teórico-ideológico del marxismo y darles mayor validez a los argumentos de cara a la población del país donde se desarrollaba la lucha... Este planteamiento acaba de tener un sonoro eco en las recientes palabras de Baduel que en su discurso de despedida habló de una “revolución con elementos autóctonos”...

En este mismo “documento” elaborado por Douglas Bravo hace más de 40 años es donde se plantea el regreso del movimiento revolucionario al interior de la FAN y donde se hace una primera mención al “Bolivarianismo” como elemento local diferenciador de la revolución en Venezuela.

Curiosamente en este texto se reconoce la ausencia de clases sociales cerradas tanto en el interior del ejercito como en la sociedad venezolana, cuestión que para Bravo facilitaría y favorecería el trabajo de reclutamiento, como en efecto sucedió, pero que en mi opinión, por definición, descuadra el fondo ideológico del asunto pues, teóricamente y dentro de los esquemas del Marxismo, se entiende que la lucha de clases como elemento intrínseco y característico del capitalismo, es el “motor”, la justificación de la revolución como proceso histórico objetivo que dará fin a esa lucha y con ella al capitalismo y si ya de entrada se reconoce que no hay clases sociales cerradas en pugna pues... ¿De qué clavo ardiendo se cuelga, (justifica), una revolución?... en fin...

A comienzos de los 70 la guerrilla y su raquítica expresión urbana eran ya un recuerdo, pero el trabajo de captación al interior de la FAN continuó y es en 1982 cuando, según el propio D. Bravo, Hugo Chávez es captado para el movimiento a través del contacto de su hermano Adán, hoy Ministro POPO de Educación, (quien entonces militaba en el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) y sirvió de puente para que Chávez entrara en contacto con Bravo a través del Prof. Nelson Sánchez), tal como el mismo Chávez ha corroborado en innumerables ocasiones con evidente orgullo: Es su hermano Adán quien lo incorpora a la “lucha”.

En el mismo camino se encontraba entonces William Izarra (Fuerza Aérea Venezolana) quien después ocuparía varios cargos relevantes dentro del gobierno de Chávez pero que en aquella época estaba ubicado por encima de éste en el “escalafón revolucionario” al ser el jefe militar “reconocido” del movimiento; hoy día se cuenta dentro de los cuadros organizativos del PSUV y se dedica a llevar adelante el proceso de “ideologización” de masas necesario para el sostenimiento en el tiempo del “proceso”... hace poco se dirigió emocionado e improvisado ante una escuálida reunión de simpatizantes del chavismo en la Plaza Francia de Altamira...

Izarra fue el comandante de los grupos subversivos R-83 y Alianza Revolucionaria de Militares Activos (ARMA) mientras en el seno del ejercito nacía el Comité de Militares Patrióticos, Bolivarianos y Revolucionarios que después sería el Ejercito Bolivariano Revolucionario para finalmente conocerse como Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) el grupo que bajo el comando de Chávez fracasó en su intento de golpe de estado el 4F.

Según nos cuenta el Sr. Garrido en su libro, en el año 1970 fue que se asentaron formalmente las bases de las ideas y tesis Bolivarianas, Robinsonianas, ("Robinson" era el pseudónimo de Simón Rodríguez, maestro y mentor de Bolívar) y Zamoranas, en el marco del Encuentro Cultural de Cabimas, organizado por el brazo político del PRV, este es el famoso árbol de las tres raíces a que tanta referencia se ha hecho y que sería el “ideario” en que basaron sus acciones los integrantes del MBR-200 después del “juramento” bajo el samán de Güere y en el que se asientan las bases del socialismo “autóctono” reclamado por Baduel y vendido por Chávez al mejor postor político.

En palabras del propio Douglas Bravo, citadas en el libro de Alberto Garrido: “El discurso de Chávez forma parte del discurso de William Izarra y es el mismo discurso de todos los oficiales que participaron en este movimiento, desde el Carupanazo y el Porteñazo. Es un discurso que no solo se refiere a los aspectos generales de la soberanía, sino a las consecuencias concretas que el ejercicio de la soberanía apareja. Chávez ha ido eliminando esos aspectos concretos en el transcurso del tiempo. Fue borrándolos.” (El subrayado es mio)

Mas adelante: “Chávez comienza a desentenderse de elementos revolucionarios. Primero deja de lado a la gente que defiende criterios patrióticos. Esa gente no es conveniente para la consolidación de una política ciega.”

Y remata: “Chávez no quiere la participación de la sociedad civil actuando como fuerza concreta. Que la sociedad civil lo aplauda, pero no que participe, que es otra cosa (...) Él no admite una disidencia, ni una opinión distinta. Eso es un peligro para una jefatura única, de mando centralizado. Ese es un peligro absoluto”.

Estas palabras dejan claras las intenciones personalistas, militaristas y autoritarias de Chávez desde la perspectiva del organizador del movimiento revolucionario venezolano en el seno de la FAN.

Según relata D. Bravo, la última reunión que sostuvo con Chávez fue en 1991, el año previo al 4F, y ya en ese momento había una ruptura entre la concepción de Chávez y la concepción del movimiento encabezado y coordinado históricamente por Bravo y su gente.

El mismo movimiento que puso en marcha, ejecutó y aprovechó las sangrientas rebeliones militares de los 60 fue el que le dio a Chávez su principal nutriente ideológico, conceptual y organizativo, el que lo contactó e incluyó en el movimiento subversivo que de la mano de Douglas Bravo sobrevivió en Venezuela a la sombra de una democracia que con el tiempo se hizo más y más permisiva, un movimiento que le permitió organizar su personal experimento de rebelión militar el 4F, (su propio Porteñazo), y que, en general, tamizado hoy por las particularidades y necesidades del propio Chávez se desempeña ahora en funciones de gobierno alejándose cada vez más de los conceptos que lo originaron, al punto que el propio PCV se deslinda de las posiciones autocráticas y de pensamiento y liderazgo únicos propulsados por Chávez al negarse a entrar por el estrecho aro del PSUV, cuestionando su objetivos y dejando en evidencia que el movimiento de Chávez no es un movimiento revolucionario en absoluto sino un movimiento estrictamente personal y militarista, algo que entra en contradicción con los postulados del movimiento revolucionario original que proponía la activa participación civil.

Estas son las fuentes donde bebe Chávez, de donde saca el material de sus discursos, sus argumentos y razones, (aderezados hoy por la experiencia y por sus, como dice Petkoff, lecturas de tapas de libros) y de donde se ha alimentado desde aquel año 1982 y donde ha visto crecer su poder y preeminencia al punto de estar a un paso de lograr la desintegración de una FAN que le dio origen y fuerza pero que ya esta estorbando a pesar de los pesares y no necesariamente por desobediente o sediciosa (a pesar de los rumores) sino al contrario, por rígida y poco dispuesta al cambio y la sumisión absoluta... y porque lo conocen bien: saben de donde viene y saben adonde va...

Pero este cambio de rumbo se lo debe Chávez a su propia personalidad errática y a los que le dieron las herramientas políticas con las que ha logrado vadear el penoso camino que media entre la celda en Yare y el palacio de Miraflores: Luis Miquilena, José Vicente Rangel, Jorge Olavarria, el propio Rafael Caldera entre muchos otros... políticos experimentados y bien conectados que pusieron su experiencia, sus posiciones, sus partidos y sus “cuotas de poder” al servicio del “proyecto” personal de Chávez... pocos quedan ya a su lado, pero ya el daño está hecho...

El punto que queda en el aire es el destino actual del “movimiento revolucionario” original, el que nació en los 60, este es tal vez un tema que se aclarará en el futuro pero que tal vez hoy explique las diferencias que se hacen cada día mas evidentes en el seno de la FAN, diferencias que se perfilan como la próxima crisis que tendrá que superar, esta vez definitivamente, Chávez si quiere terminar de consolidar su proyecto personal.

Me parece que en este caso la pugna entre “el cántaro y la fuente” aún persiste, pero mientras se dilucida cual de los dos se rompe definitivamente esas aguas turbias todavía dan mucho de si, todavía sirven para anegar, enlodar e infectar lo que queda de Venezuela...



jueves, 17 de mayo de 2007

La razón

Este es un dato extra para un amigo que pregunta y con quien he comentado la obra tras haber publicado ayer el post sobre Uslar Pietri, esta foto de la portada no se corresponde a la edición que poseo, esta pertenece a la edición que realizó la Biblioteca Ayacucho recientemente; estuve buscando la foto de la portada de la edición que yo tengo, que fue la undécima edición realizada por Editorial Losada en 1977, (costó sólo 8 Bolívares), y ya Uslar Pietri no figura en su catálogo de autores y no hay ninguna fotografía de las portadas de sus libros editados por ellos en el pasado, (al menos yo no logré dar con ninguna) y es que obviamente es una edición muy vieja.


En la edición que yo tengo la ilustración de portada fue realizada por Silvio Baldessari y muestra una dramática imagen de un haz de puntas de lanza ensangrentadas apuntando hacia arriba contra un fondo oscuro, y recalco lo de "dramática" pues el rojo es muy intenso y la "sensación" visual de sangre chorreando y salpicando es tremenda.


En cuanto a lo que yo interpreto como origen y justificación del título me extraña que no aparezca en la edición que mi amigo tiene pues estoy seguro que es selección y decisión del propio autor el haberla incluido y seguramente, por tanto, aparece en todas las ediciones; en cualquier caso la transcribo a continuación y es claramente un fragmento de las memorias de José Antonio Páez:


"Destaqué al sargento Ramón Valero con ocho soldados..., conminando a todos ellos con la pena de ser pasados por las armas si no volvían a la formación con las lanzas teñidas de sangre enemiga... Volvían cubiertos de gloria y mostrando orgullosos las lanzas teñidas en la sangre de los enemigos de la patria"


Volvían pues con "Las Lanzas Coloradas"...


martes, 15 de mayo de 2007

India


Recién ayer terminé de leer el libro “India” de V. S. Naipul, en la traducción de Flora Casas que publicó Editorial Debate en 1998.

Confieso que en algunos momentos me costó un poco seguir adelante con la lectura y tuve que echar mano a mi personal compromiso de no dejar jamás un libro sin terminar una vez comenzado, pero permítanme aclararme un poco, no quiero que este comentario se interprete como una descalificación de este gran trabajo de Naipul.

Los que me han seguido deben saber ya o al menos intuir lo mucho que me gusta este autor, especialmente cuando el trabajo se trata de este tipo de “libro-documento” pues la cantidad de información que el autor pone a nuestro alcance es increíble y por demás invaluable; ya con anterioridad comenté otro de sus libros en este estilo: “La Pérdida del Dorado” y, aunque no lo he comentado, hay que agregar a esta lista su libro “Al Límite de la Fe”.

Cada uno de estos libros, únicos por su tema y contenido, aportan un cúmulo de conocimientos sobre las materias que tratan de una magnitud impresionante dejando en evidencia en lugar destacado no solo los conocimientos del autor sobre estos temas sino la cantidad de experiencias de vida que comparte con sus lectores y de las que nos hace casi protagonistas en su estilo tan personal e íntimo con que nos los va desarrollando.

Es, precisamente, esa intimidad, esa interiorización de los temas y experiencias, (tanto “Al Límite de la Fe” como “India” son relatos de viajes del autor) la que de alguna manera me dificultó continuar y finalizar la lectura de este trabajo y aquí, dicho esto, es importante establecer algunas puntualizaciones y diferencias entre los tres libros que he mencionado.

En su trabajo “La Pérdida del Dorado” las continuas referencias a la historia común que unen a la isla de Trinidad y a Venezuela, columna vertebral de la narración, hicieron inevitable no solo el ávido interés de este lector sino también la “participación” en su desarrollo narrativo al ser posible agregar y complementar parte de la información desde otras fuentes o desde lecturas previas, lo que convirtió el recorrido por sus páginas en toda una exploración bibliográfica bajo la guía de Naipul, convertido sin querer en un maestro que en confianza y con calma me fue guiando por los vericuetos de una historia común que yo sólo conocía de manera superficial.

El relato de los viajes del autor por los países musulmanes no árabes (Indonesia, Irán, Pakistán y Malasia) que componen el libro “Al Límite de la Fe”, muy lejos de mi experiencia personal y ciertamente de mis escasos conocimientos sobre estas naciones y sus pobladores y culturas, abre un panorama complejo, colorido y hasta cierto punto dramático pues no se puede calificar de otra forma lo que para estos pueblos ha significado el abrazar la fe islámica y, atención, no estoy emitiendo juicios de valor sobre el Islam o sus seguidores, estoy refiriéndome al precio que estos pueblos han tenido que pagar en términos culturales y sociales al sumergirse en una religión que les es, cultural e históricamente, del todo ajena.

El libro “India”, objeto de este artículo, es un gran trabajo de investigación, una minuciosa narración de un largo viaje realizado por el autor a la India, tierra de sus antepasados, escrito sobre una estructura similar a la que posteriormente utilizó en “Al límite de la Fe”: Intercalando y complementando entrevistas realizadas a los mas disímiles personajes y engranadas con sus propias experiencias y descripciones del entorno y de sus recuerdos o investigaciones personales logrando de esta manera una fluidez y una continuidad que facilitan enormemente el seguimiento de las ideas o mas bien de las líneas narrativas.

Las entrevistas no tienen desperdicio, se trata de personas que en algunos casos y a título personal son representantes de determinadas “castas” o de determinados grupos sociales o religiosos y que desde su muy particular perspectiva nos ponen, a través del autor, en contacto y conocimiento de sus historias familiares, de sus vivencias, sus expectativas, sus miedos y sus frustraciones y a veces, por haber sido ellos mismos o sus familias protagonistas, nos presentan un panorama de los acontecimientos históricos pasados o contemporáneos que han marcado el curso de la historia de este complejo y vasto país.

Trenzadas con los recuerdos e ideas del autor se van desarrollando historias familiares de dos, tres y a veces mas generaciones que desde la memoria y con la voz de los entrevistados nos relatan parcelas de historia que son contrastadas con los recuerdos de otro entrevistado y otro y otro... de ciudad en ciudad y de región en región; opiniones, recuerdos y vivencias que al final resultan en complejas pero puntuales “instantáneas” inmersas en el rico pero inconcluso mosaico que es el sub-continente indio.

Conocer de primera mano lo que significa e implica ser brahmán, o pertenecer a una casta considerada “inferior”, lo que representa vivir bajo la tradición Hindú o al margen de ella, o ser musulmán o sij, lo que significó el período colonial, con sus altas y bajas, su esplendor y decadencia o la independencia de la mano de Ghandi y el Partido del Congreso, lo que es vivir en Calcuta o en Bombay o en el valle de Cachemira o en Nueva Delhi, la partición de la India al crearse Pakistán y los conflictos que ello provocó (y que aun no se han resuelto) y la multiplicación de estos conflictos que significó la segunda partición al crearse Bangla Desh... todo este océano de información de primera mano, domado por la habilidad del autor-entrevistador, queda mansamente desplegado a nuestros ojos y esto es, sencillamente, único.

Pero, y llegamos finalmente al pero, en este libro el autor verdaderamente interioriza la experiencia de una manera profunda y abunda con generosidad en informaciones y reflexiones que en cierta medida enajenan al lector que como yo no comparte una historia o tradición cultural o familiar similar a la de él; de alguna manera y descontando la riqueza de la información que provee uno queda como aislado y ajeno a lo que este viaje produce en el autor o significa para él y por lo tanto se hace difícil “participar” activamente como “compañero de viaje”.

En cierto modo, y es una opinión personal, Naipul tiene una especie de obsesión personal con temas como el pasado, la historia y principalmente con la idea de identidad, de pertenencia a una cultura, país o historia y él mismo reconoce, (no solo en este libro), la dicotomía entre sus propios sentimientos al respecto de su origen cultural y familiar por ser descendiente de inmigrantes hindúes radicados en Trinidad y la percepción hasta cierto punto deformadora a causa de estos sentimientos que tiene (o tenía) de la realidad india.

En sus propias palabras, casi terminando el libro y contrastando este viaje y los sentimientos que le despertó con un viaje anterior realizado en 1962: “ Al cabo de veintisiete años, yo había logrado hacer una especie de viaje de vuelta, librarme de mis nervios de indio, abolir la oscuridad que me separaba de mi pasado ancestral. En 1858, William Howard Russell describió (y lo comentó) un vasto país físicamente en ruinas, incluso lejos de las batallas del motín. Unos veinticinco años más tarde, mis antepasados, nacidos en una parte del país por la que viajó Russell (de la forma a la que se tenía acceso por entonces), fueron en calidad de sirvientes contratados a las plantaciones de azúcar de Guayana y Trinidad. Yo llevaba en la sangre esa idea de miseria, derrota y vergüenza.” Y unas líneas mas adelante completa la idea: “Lo que no comprendí en 1962, o me lo tomé como algo cotidiano, fue hasta qué punto habían reconstruido el país, ni siquiera hasta qué punto la India había vuelto a sí misma,...” confesión y reconciliación consigo mismo y con sus raíces, en este párrafo queda patente ese elemento de tal intimidad que me “dejó” fuera de este viaje y que terminó convertido en esa especie de traba que me dificultó el camino a la última página.

El libro, además de constituirse en un documento de gran valor informativo es, en ese ámbito íntimo que el autor expone, una investigación muy personal, un peregrinaje hacia el interior de si mismo, una reconciliación con las tan anheladas “señas” de identidad. Una búsqueda (o como poco curiosidad) con la que muchos descendientes de inmigrantes podemos identificarnos pues en buena medida puede sucedernos como a Naipul: trinitario, descendiente de hindúes y no terminaba de sentirse ni hindú ni trinitario ni parte del Commonwealth británico... pero hasta aquí la comunión, nuestros pasados son diferentes, nuestras raíces otras y es difícil compartir a plenitud un sentimiento cuando en la especificidad de nuestras historias personales es tan grande la diferencia.

martes, 27 de marzo de 2007

Dos visiones...














He estado revisando en la biblioteca y entre muchos otros he encontrado estos dos libros en los que los autores utilizan "El dorado" como sinónimo de paraíso, como concepto ancla asociado a la maravillosa riqueza (no necesariamente en oro) que se esconde en la región amazónica venezolana y brasileña.

Por un lado, en su libro "La Pérdida del Dorado" Naipul, (que es un escritor que me encanta, mucho más en este tipo de libros que en sus novelas), apunta más bien hacia una visión histórico-romántica del asunto.

Desde la perspectiva de su propia naturaleza y origen: trinitario descendiente de inmigrantes de la India, plantea un relación histórica teñida de reflexión sobre la inevitable conexión entre la isla de Trinidad y el hipotético Reino de El Dorado que frente a las costas de su tierra natal se escondía en la espesura de las selvas de Venezuela y nos hace una detallada exposición de todos los cambios, movimientos y sucesos históricos que marcaron la existencia y desarrollo de Trinidad como cabeza de puente, (frente a la desembocadura del río Orinoco), y su importancia como punto de partida estratégico para cualquier "emprendimiento" orientado a la búsqueda del maravilloso reino del oro.

Bajo la guia de Naipul nos enteramos de los "cambios de manos" de Trinidad, de los españoles a los ingleses, de los intentos de los españoles por recuperarla, de las calamidades de los colonos (de uno y otro bando) durante todo este inestable período, de las escaramuzas por el control de la isla entre los mismos colonos, de las relaciones que se establecieron con los primeros revolucionarios independentistas de Venezuela y de la loca e increíble aventura de Raleigh en su fantasiosa convicción de poseer el secreto del mítico reino y su desesperada necesidad de encontrarlo... pues si no lo encontraba debía volver a Inglaterra para ser ejecutado...

Es un libro que a pesar de la sencillez con que está escrito no puede, de ninguna manera, calificarse de ingenuo pues página a página va quedando en evidencia la acuciosa investigación histórica realizada por el autor.

Por su parte, Tierney, asume una posición de denuncia, en verdad muy seria y contundente, asociando el concepto de "El Dorado" a una perspectiva contemporánea y desde un punto de vista crítico, también muy bien documentado. Presenta una relación detallada de las terribles consecuencias que para las tribus indígenas, particularmente de la etnia Yanomami, ha significado la irresponsable manipulación y dudosos propósitos de los "supuestos" estudios antropológicos llevados adelante por Chagnon y sus asociados y seguidores y del empeño de este de hacerse de una especie de "franquicia" en exclusividad de los estudios sobre esta etnia.

Partiendo de la base de la falaz presentación de los Yanomami que hizo Chagnon, mostrándolos al mundo como una tribu "feroz" y de los subsiguientes "estudios" y filmaciones en los que se manipularon con gravísimas consecuencias las interacciones de investigadores con miembros de estas tribus, nos presenta un panorama actual debidamente estructurado y sustentado con pruebas fehacientes de las terribles consecuencias de la investigación antropológica irresponsable, de la corrupción, y de la destrucción y el fin, no solo del medio ambiente, sino de la existencia misma de culturas que no tienen defensa alguna ante la intromisión del "hombre moderno" en sus espacios y sus vidas.

Ninguno de los dos libros es una novedad, pero no por ello dejan de darnos información vigente y relevante; ambos nos presentan el sugerente concepto de El Dorado bien como un sueño que motorizó la historia de la conquista de todo un continente o bien como un paraíso real perdido por la estupidez y la ambición humanas...

A veces, por estar a la caza de novedades o por pretender ceñirnos a determinados géneros de lectura dejamos de lado libros como estos que pueden abrirnos ventanas hacia ideas, eventos y realidades en los que ciertamente no ahondamos en nuestra vida cotidiana. Ambos libros, en mi humilde opinión, merecen lecturas y re-lecturas calmosas pues nos proveen de una cantidad importante de información que, en verdad, no tienen desperdicio alguno.

Saludos.

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