miércoles, 13 de junio de 2007

Socialismo del Siglo XXI vs. Sociedad Organizada (III)


3. ¿Son todos malos?

Esta es una pregunta a la que le he estado dando vueltas desde que empecé a pensar en escribir esta serie de artículos pues, como casi todas las preguntas referidas a fenómenos sociales y políticos, cuando se trata de hacer una evaluación cualitativa son inevitables y muy difíciles de dominar las influencias de los gustos y las opiniones personales.

Espero que los analistas políticos y los graduados en Ciencias Políticas me perdonen por la manera como abordo el asunto pero creo que una de las aproximaciones mas justas es hacer una relación de las formas en las que los diferentes socialismos han accedido al poder y el desempeño en su ejercicio y lo que ha significado en relación a sus promesas básicas de justicia y bienestar social.

Revisando la historia creo que pueden reducirse a cuatro las formas en las que los distintos tipos de socialismo han accedido al poder: Revolución, Sumisión (o contagio), Mutación y Selección.

No es tan fácil como parece discriminar cuales revoluciones han sido verdaderamente socialistas (y me refiero solamente a las que han sido exitosas y han alcanzado su objetivo: El Poder), creo en todo caso que son muy pero muy pocas y que en justicia solo podrían ponerse aquí la Rusa y la China, independientemente de su desarrollo posterior y de los diversos mecanismos que se aplicaron (y aun se aplican en el caso chino), me parece que son las únicas que desde su mismo inicio se identificaron plenamente a si mismas como socialistas o comunistas.

Ambas alcanzaron su objetivo por la fuerza de las armas, ambas lo alcanzaron aprovechando coyunturas históricas y políticas muy particulares que nada tienen que ver con lo predicho por la doctrina marxista y ambas ciertamente han utilizado todas las formas concebibles de expansión y consolidación.

La expansión por la vía de la “exportación” de la revolución (que no del sistema o doctrina) dio como resultado un mundo en guerra permanente, en especial durante los años de la guerra fría, una época de exportación muy activa y en la que el resultado fue que, en algunos casos, guerras civiles desatadas por “revoluciones” locales de todo signo terminaran involucrando a otros países.

La consolidación en el poder se dio por la estructuración vertical de sus cuadros y por las repetidas y profundas purgas que fueron “limpiando” al proceso de “revisionistas” y “contra-revolucionarios”, gente que, independientemente de la veracidad o no de los cargos que se les imputaron, señalaron las desviaciones respecto a la doctrina que el ejercicio del poder estaba imponiendo. Esto no deja de ser curioso pues no hay una doctrina política mas purista que el socialismo y sin embargo... los llamados de atención y la denuncia de las desviaciones son rápidamente atacadas en los regímenes revolucionarios y acusadas de revisionismo y contra-revolución... Cada cual tuvo sus métodos para silenciar estas voces críticas que surgieron desde el mismo seno del poder y, claro está, aprovecharon la oportunidad para eliminar del mapa político a posibles rivales del preclaro líder de turno...

Para el final de la segunda guerra hacía ya mucho tiempo que el socialismo soviético vestía sin pudor sus galas comunistas y por las necesidades políticas y logísticas de la campaña en la que buena parte del mundo estaba involucrada se hicieron concesiones, tratados y acuerdos que tras el conflicto significarían la manifestación de la segunda forma de acceso al poder de mi lista: La Sumisión (o contagio).

El bloque de naciones que sería conocido como Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue el resultado de esas transacciones, supuestamente necesarias, durante la segunda guerra entre las naciones occidentales involucradas y la Rusia estalinista.

La mayoría de estas naciones no tuvieron opción, fueron sencillamente entregadas en negociaciones y a las que no lo fueron pues sencillamente se les impuso, por diversos mecanismos, su “adhesión” al bloque, fueron sometidas por diversas vías: Unas por presiones económicas, otras por presiones políticas y otras simplemente por invasión militar a las que ningún país de occidente se atrevió a dar respuesta contundente pues ya corrían los años de la guerra fría y del miedo nuclear.

En Asia ocurrió mas o menos lo mismo aunque los caminos para la consolidación de la revolución y su entusiasta campaña de expansión tomaron un poco mas de tiempo y trabajo; el resultado fue mas o menos similar, a la vuelta de relativamente pocos años de instalada la revolución de Mao en el poder comenzó la exportación hacia su natural área de influencia que había quedado bastante maltrecha y desequilibrada tras los terribles conflictos que en el área del pacífico y el sudeste asiático habían tenido lugar; la gran diferencia en este caso fue que la revolución china, a pesar de contar con el apoyo soviético (del que disentiría e independizaría años mas tarde), no contaba con compromisos internacionales previos ni, todavía, con poder nuclear.

Aunque los rusos en muchos casos echaron mano de ella, los chinos fueron los que mejor se sirvieron de la tercera vía de mi lista: La mutación.

Desde una época tan temprana como las primeras manifestaciones y acciones anarquistas de comienzos de siglo, previas a la primera guerra, y la revoluciones posteriores a ella (que se agudizaron y extendieron aun mas tras la segunda) había en el mundo todo un movimiento nacionalista que buscaba todas las formas posibles para expresarse y, lógicamente, para cambiar las realidades que adversaban y denunciaban.

Ejemplos hay muchos, en Europa es emblemática la revolución turca comandada por el “Ataturk”, en África un buen ejemplo es el nacionalismo egipcio de Nasser que se convertiría en faro de todos los nacionalismos árabes entre los cuales muchos “mutarían”, en Asia la cruenta revolución nacionalista e independentista de Indochina, en América la revolución cubana... revoluciones rígidamente y rabiosamente nacionalistas que ante la evidencia de sus propias debilidades estructurales y sus necesidades reales no les quedo otro camino que “mutar” hacia la izquierda en búsqueda de apoyos de toda índole, desde económicos y logísticos hasta protección y sustento... Rusia y China encontraron terreno abonado para su expansión revolucionaria y para su producto de exportación “estrella” y se mostraron mas que dispuestos a prestar toda clase de colaboración y ayuda pero ... no hay cena gratis, querían algo a cambio...

Antes de seguir quiero anotar que a veces las mutaciones se dan también en sentido inverso, un ejemplo de ello es ni mas ni menos que Mussolini, que empezó su vida política como joven anarquista y socialista y que en el devenir de su actividad política y de sus ambiciones personales fue mutando paulatinamente “hacia la derecha” hasta terminar convertido en un ícono del fascismo. Por cierto, el que el partido político de Hitler se llamase “Nacional Socialista” no tiene nada que ver con las mutaciones si no mas bien con los disfraces, de los que hablaré mas adelante.

El precio exigido a estas revoluciones mutantes implicó principal y esencialmente el convertirse ellas mismas en cabezas de puente y exportadoras de la revolución y a su compromiso con estos acuerdos es que debemos la guerra de Vietnam, que involucró a Camboya y Laos (y a Estados Unidos, una vez que los franceses declinaron su responsabilidad sobre sus excolonias), o el conflicto en Corea que aun, después de tantos años, está muy lejos de haber sido resuelto, o la terrible guerra de Angola y otras naciones africanas donde el papel de Cuba como “exportador” fue determinante al igual que sucedió en el caso de muchos países de América Latina a los que intentaron exportar su “revolución” con la fatal consecuencia de haber disparado los mecanismos que dieron origen a tanta salvaje represión y al surgimiento de dictaduras de derechas que hasta hace poquísimos años tuvieron que sufrir algunos países; de forma que podemos decir que al resto del mundo no le quedó mas remedio que hacerse “solidario”, a la fuerza y sin elección posible, del pago de los compromisos adquiridos por las naciones “revolucionarias” en deuda.

La Selección, ultima en mi lista, se ha manifestado con creciente frecuencia a lo largo de la historia del siglo XX y lo que va del XXI, se trata simplemente del acceso al poder de corrientes socialistas por caminos democráticos, no revolucionarios, es decir a través de las elecciones.

Este detalle diferencial es muy importante, primero porque en la mayoría de los casos significa una respuesta colectiva, consensuada de la mayoría de la población en la determinación de sus destinos y en su percepción de sus realidades y futuros y segundo porque desde un primer momento el “socialismo” como modelo fue la oferta clara y abierta de los grupos políticos que lograron seducir a esas mayorías.

No hubo en estos casos ni revolución violenta, ni imposición externa, ni mutación y salvo el triste caso de Salvador Allende, que llego al poder por este camino democrático pero en el peor momento posible, la gran mayoría de estas opciones socialistas seleccionadas por la mayoría, libre y democráticamente, han demostrado ser en general, bastante exitosas, al menos en lo que se refiere a la satisfacción de las expectativas del colectivo que las eligió, pues de otra manera no sería posible explicar la larga sucesión de gobiernos socialistas en Francia, España y en otros países europeos, donde además han logrado avanzar considerablemente en la consecución de elevadas metas de paz y bienestar social en contraste con la continua agonía y múltiples penalidades de los habitantes de los países en los que el socialismo fue impuesto por alguna de las otras vías de mi lista.

Responder a la pregunta inicial aun no es fácil, y aunque la tentación de responder con un rotundo SI es muy grande, sigo creyendo, a la luz de todo lo repasado, (y porque tengo la obligación de ser objetivo), que la respuesta mas adecuada es: “Depende”...

No es fácil colgarle un feo cartel de “maldad” a una doctrina política en la que el énfasis está puesto en la igualdad y la justicia social, pero sin embargo, es paradójicamente simple hacerlo a la luz de los métodos históricos que han utilizado sus defensores e impulsores para imponérnosla a todos, queramos o no... por esta razón la elusiva respuesta es: “Depende”... porque en verdad depende del camino que se transitó para alcanzar el poder y depende de los medios a su alcance que se hayan utilizado efectivamente para realizar las metas de igualdad, justicia y bienestar social prometidas y en este punto el contraste es dramático y determinante y en cierta forma facilita la respuesta pero... hay que poner mucha atención porque el acceso democrático y la PROMESA de igualdad y justicia social no son suficientes para hacer estas concesiones...

Por eso mañana quiero hablarles de los “Disfraces” y repasar un poco la historia contemporánea venezolana para intentar poner en perspectiva nuestra realidad y la elusiva oferta del “Socialismo del Siglo XXI”



2 comentarios:

Castillo dijo...

Los Invito a Todos a una Gran Marcha: La Marcha del Algoritmo.

La Flaca Simplona dijo...

Excelente nuevamente. Es lamentable que una doctrina tan humanística (algo utópica para mí) como es el socialismo, hayan sido manipulada a lo largo de la historia, por un grupo de "aprovechados" (por ponerlo así)para asentarse en el poder y crear realidades desviadas de los propósitos verdaderos. Me gustó mucho el fragmento donde describe, que a diferencia de otras épocas, el socialismo se manifiesta en latinoamerica por medio del voto, prueba real del desgaste de otras doctrinas, que no supieron satisfacer las necesidades de la mayoría. Quisiera creer, que el proceso que vive latinoamérica es diferente, bien encaminado y con propósitos claros orientados a generar bienestar general. Sin embargo los fantasmas del pasado histórico de la humanidad, son muchos y se ciernen constantemente sobre nosotros.

Espero la próxima parte!!!

Saludos!!

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