viernes, 15 de junio de 2007

Socialismo del Siglo XXI vs. Sociedad Organizada (IV)

4. Venezuela Contemporánea y los disfraces

La historia del socialismo en Venezuela es muy similar a la que podría entresacarse de los libros de historia de casi cualquier nación latinoamericana: empieza su vida a comienzos del siglo XX y es alternadamente tolerada o proscrita y perseguida según el signo del gobierno de turno y según el grado de desarrollo del ejercicio democrático de la nación, en cada momento histórico en particular.

Me disculparán mis paisanos, seguidores fieles de esta doctrina, pero creo que, más allá de las breves líneas anteriores y tal vez resaltando su participación en el intento de “importación” de la revolución cubana en la década de los 60, (rápidamente sometido y desmantelado mas allá de toda resistencia real por el gobierno del Presidente Betancourt), y la contextualmente valiente denuncia del economista, exguerrillero comunista, político y hoy empresario Teodoro Petkoff, cuando manifestó públicamente sus objetivas opiniones y su postura coherente con el pensamiento independiente versus el dictado soviético sobre la invasión de Checoslovaquia por los rusos, y que significaron la ruptura del Partido Comunista Venezolano (PCV) y la fundación del Movimiento al Socialismo (MAS)... no hay mucho más que decir.

No es esta escueta historia la que quiero repasar, me interesa más bien revisar lo que sucedió en Venezuela a finales de los 80 y comienzos de los 90 pues, aunque “se supone” que lo que vivimos hoy fue gestado mucho antes de este significativo periodo de nuestra historia, es precisamente en estos años en que se dieron las condiciones efectivas para que esta realidad echara raíces y con el tiempo rindiera los frutos que hoy cosechamos.

Nadie con un mínimo de vergüenza y dignidad puede negar la veracidad absoluta de algunos de los argumentos que se exhiben y esgrimen para justificar nuestro presente, como tampoco se podrá negar que estos válidos argumentos han sido también descontextualizados en muchos casos y han servido para justificar y explicar las más inaceptables aberraciones... y para adornar los más coloridos disfraces.

Los años 80 encontraron a Venezuela con un sistema de alternancia política ya establecido tras poco más de 20 años de ejercicio democrático y, además, como ejemplo y exportador de su modelo de democracia representativa para muchos países latinoamericanos que aun se debatían entre las más feroces dictaduras y las sangrientas luchas revolucionarias “exportadas” por Cuba. Esta alternancia obedeció sin duda alguna al tan denunciado “Pacto de Punto Fijo”, que no es difícil de justificar histórica y políticamente, dado el momento de su concreción tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y la evidente debilidad de la recién recobrada libertad política.

Pero esta alternancia no estaba exenta de justificadas sospechas pues la alternabilidad se limitaba a un movimiento pendular entre los dos partidos políticos mayoritarios: Acción Democrática (Social Demócrata y miembro de la Internacional Socialista) y COPEI (Demócrata Cristiano y miembro de la Internacional Democristiana), a pesar de existir en el mapa político venezolano muchos otros partidos políticos que tenían, al menos en teoría, suficiente peso y seguidores para haber hecho tambalear este, casi “predecible”, intercambio.

En el año 1984, el Dr. Luis Herrera Campins (COPEI) le entrega al Dr. Jaime Lusinchi (AD) la presidencia de la república, entregando junto con la banda tricolor un país bastante estragado económicamente y en el que las desigualdades sociales y económicas se han agudizado tras un quinquenio signado por las sucesivas crisis económicas a pesar de la renta petrolera. La situación no mejora con el nuevo presidente si no que más bien se crispa aún más por los constantes y evidentes casos de corrupción y de dilapidación de los bienes y recursos nacionales.

Al final de estos tristes diez años, en 1989, y rompiendo el movimiento pendular que caracterizó los resultados electorales hasta el momento, resultó electo para un segundo mandato Carlos Andrés Pérez del partido AD, encontrando entre sus manos un país sacudido por necesidades urgentes producto de las sucesivas crisis económicas, con gravísimos escándalos de corrupción heredados de su co-religionario, el expresidente Lusinchi, con las rentas del estado comprometidas por una enorme deuda externa, (tanto pública como privada) y con el poco espacio de maniobra que tales compromisos permitían pues, la búsqueda y aplicación de las urgentes soluciones implicaba el paso inevitable por la negociación, tanto con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como con representantes de la banca internacional.

Es la época de las famosas “recetas” del FMI aplicadas en tandem con el Banco Mundial, “paquetes” de soluciones impuestos sin mayores miramientos sociales a casi la totalidad de los gobiernos latinoamericanos y del “tercer mundo” durante más o menos el mismo periodo; recetas de claro corte Neo-Liberal que basaban su promesa de éxito en la estabilidad macroeconómica, en la pulcritud del manejo financiero, en la búsqueda obsesiva de la eficiencia en el uso y destino de los escasos recursos y en la evidencia irrefutable de complejos modelos matemáticos que mostraban, a quien los comprendiera, la “infalibilidad” del plan... un verdadero deleite para los tecnócratas y un incomprensible horror para los estratos sociales mas afectados por la maltrecha economía nacional.

“Manos a la Obra” fue el lema de su campaña y tan pronto asumió la presidencia lo hizo realidad; el 16 de Febrero, pocos días después de asumir el cargo, el presidente Pérez se dirigió a la nación y presentó el programa de ajuste macroeconómico que sería conocido como “El Paquete” y que sería el detonante de los hechos que con el tiempo evolucionarían hasta nuestra realidad presente.

En líneas generales los anuncios de ese día fueron: La decisión de acudir al FMI en busca de fondos a corto y mediano plazo y para someterse a un programa que garantizase el pago de la enorme deuda externa, con lo que se posibilitaría la continuidad de las necesarias relaciones con la banca internacional; la liberación de las tasas activas y pasivas del sistema financiero nacional hasta un tope provisional del 30%; la liberación de los precios de todos los productos a excepción de 18 que fueron incluidos en la “Cesta Básica”; incremento progresivo en las tarifas de los servicios públicos (agua, luz, teléfono, gas); aumento progresivo de los precios, (en el mercado interno), de los productos derivados del petróleo con un primer aumento cercano al 100% como promedio para la gasolina; aumento de 30% en las tarifas de transporte público durante los siguientes tres meses y la posibilidad de extender el aumento hasta el 100% mas adelante y el aumento del salario mínimo entre el 5 y el 30% para la administración pública y a 4.000 Bs. en el área urbana y 2.500 Bs. en las áreas rurales para la empresa privada, unos aumentos salariales obviamente rezagados e insuficientes con respecto a los anunciados aumentos de precios, tarifas, tasas etc.

Todas estas medidas estaban programadas para su aplicación inmediata; la entrada en vigencia para el aumento en el precio de los combustibles estaba previsto para el 26 de Febrero y el aumento de las tarifas de transporte para el día siguiente, 27 de Febrero de 1989.

El 27 de Febrero de 1989 es recordado en nuestra historia contemporánea como “El Caracazo”; desde los anuncios presidenciales se habían puesto en marcha diversas acciones de protesta, principalmente desde el sector estudiantil, (aquí tienen un dato los que gustan de analizar ciclos históricos), como reacción en contra de los anuncios en general pero con significativo énfasis en los aumentos de tarifas de transporte público y también en el sector de transportistas, principalmente por los anunciados aumentos del precio de la gasolina y demás derivados del petróleo que afectarían significativamente el costo de sus operaciones.

El sector de transporte convocó a un paro para el día 27 de Febrero y la coincidencia de este paro con la ya generalizada y constante protesta estudiantil involucró y contagió a otros sectores de la población hasta que ese mismo día, y prácticamente a nivel nacional, las protestas se transformaron en abierta rebeldía y en proliferación del desorden y la violencia.

El carácter simultaneo, masivo y violento de las protestas superó con creces la capacidad de los cuerpos policiales en su, (también violento), intento de reestablecer el orden, por lo que el gobierno nacional, el día 28, decretó el estado de emergencia y la suspensión de algunas garantías constitucionales, (suspensión que se prolongaría por cerca de 10 días) y puso las tareas de orden público en manos del ejercito ayudándolo con el establecimiento de un estricto toque de queda... aun no se ha determinado la cantidad REAL de personas fallecidas durante esos trágicos días... tampoco la cuantía real de los daños a la propiedad privada y pública... mucho menos el daño moral y espiritual que quedó grabado en los corazones y recuerdos de los que vivimos de cerca estos acontecimientos...

Recobrado el orden se continuó la inevitable aplicación de “El Paquete”, no había tiempo ni manera de dar marcha atrás en el corto plazo y tres años después de este dramático llamado de atención, el 04 de Febrero de 1992, Venezuela amaneció envuelta en el fallido pero sangriento intento de golpe de estado comandado por nuestro actual Presidente de la República, el entonces Teniente Coronel, comandante de paracaidistas, Hugo Rafael Chávez Frías.

El golpe fue controlado y sus conductores detenidos y recluidos en el cuartel San Carlos de Caracas y posteriormente en la Cárcel de Yare, pero la crisis sistémica que viene arrastrando el gobierno de Pérez se agudiza tras estos acontecimientos; una crisis que alcanzará su clímax tras una segunda intentona golpista, también fallida, el día 27 de Noviembre del mismo año.

Estos tres acontecimientos históricos fundamentan dos paradojas que el sistema democrático venezolano fue incapaz de manejar, por un lado, la crispación y el rechazo acumulados que sienten los venezolanos ante sus realidades y hacia los “políticos tradicionales”, identificados como culpables de todas las penalidades, permiten que, lejos de aparecer como agresores del sistema de libertades que representa la democracia, (y que juraron defender, no agredir), estos miembros de las fuerzas armadas, alzados y golpistas, se convierten casi en figuras de culto como demuestran los peregrinajes que muchas personas hicieron hasta la cárcel de Yare, donde estaban recluidos, para “conocerlos” y entrar en contacto con ellos y por la difusión por muchos medios de sus palabras, discursos y opiniones y, por otro lado, el resurgir político del que sería electo presidente tras incontables intentos infructuosos y ya sin el apoyo del partido que ayudó a fundar: el Dr. Rafael Caldera.

Estos eventos marcan el final adelantado del mandato del presidente Pérez; poco después del segundo alzamiento es puesta en marcha una acción judicial por malversación de fondos (específicamente los 250 millones de Bolívares que tomó de la llamada “partida secreta” y que entregó para la ayuda y el sostenimiento del gobierno de Violeta Chamorro en Nicaragua que estaba bajo amenaza de desestabilización por el actual presidente de esa nación, Daniel Ortega y sus seguidores).

En Marzo de 1993, Ramón Escobar Salom, Fiscal General de la República inicia el antejuicio de mérito contra el presidente, y el día 21 de Mayo, Pérez tiene que separarse de su cargo al aprobarse el antejuicio por parte de la Corte Suprema de Justicia; el entonces presidente del Congreso, Octavio Lepage asume la presidencia como encargado hasta que tras un breve lapso de tiempo es designado el Dr. Ramón José Velásquez como presidente interino, con la misión de terminar el tiempo que restaba del periodo presidencial hasta las siguientes elecciones en 1994.

De esta breve presidencia interina del Dr. Velásquez es poco lo que se puede anotar salvo, tal vez, el incidente del indulto por la vía de la “mano peluda” del que se benefició un narcotraficante cuyas andanzas seguirían rodando por los titulares de prensa hasta hace pocos años y que demostró que a pesar de la buena intención del anciano presidente, extraído con pinzas del grupo de los “notables” como figura independiente e impoluta de culpas políticas, la avanzada edad y su vocación de erudito de nuestra historia no eran las mejores herramientas para ejercer el cargo en tiempos tan complejos.

Rafael Caldera gana las elecciones de 1994 al frente de un partido político nuevo, Convergencia, que sería popularmente conocido como “El Chiripero” pues sus seguidores venían de muy diferentes frentes, la mayoría disidentes de los partidos tradicionales de la política nacional; recibe el mando de un país en tensa calma, en el que las tremendas desigualdades sociales y los conflictos y penurias económicas no han sido mas que puestas en un precario “stand-by” y aun se hallan muy lejos de cualquier posible solución.

Tampoco es mucho lo que se puede anotar de este periodo presidencial, pero lo poco que se puede resaltar es de alta significación; por un lado y contra lo esperado y lo prometido “El Paquete” halla continuidad en su aplicación pero bajo formas suavizadas y el eufemismo de un nuevo nombre: “Agenda Venezuela”, llevado adelante rigurosamente de la mano de un ministro de Cordiplan, tal vez un poco inusual, y en la que sería su primera actuación, en su larga carrera de operador político, en un cargo de decisión gubernamental: Teodoro Petkoff; un ejercicio ministerial que a la postre le valdría su separación del partido que había formado en 1971, (el MAS, formado al escindirse del PCV como ya anotamos)... la frase con que diagnosticaba la situación de Venezuela se haría famosa: “Estamos mal... pero vamos bien”...

Otro dato, de los pocos resaltables, sellaría definitivamente nuestro futuro inmediato, (que ya es nuestro presente), y que lamentablemente en su momento no fue suficientemente explicado por el Presidente Caldera y hoy, a su muy avanzada edad y en un estado de salud precario, ciertamente no está en condiciones de explicar: El 27 de Marzo de 1994 concedió un indulto presidencial y la amnistía a todos los involucrados en las dos intentonas golpistas recientes a condición de su retiro voluntario de las Fuerzas Armadas, una extraña maniobra política realizada, supuestamente, como prenda para lograr el apoyo para su gobierno de los partidos MAS y PCV que lo presionaban en este sentido y que la exigían como condición previa a su apoyo.

Lo curioso de esto es entender cómo a un político y abogado experimentado, y co-redactor de la Constitución vigente para ese momento, se le haya escapado que al indultar a los golpistas antes de imputárseles formalmente cargos, antes de realizarse los procesos penales que las leyes vigentes contemplaban y, obviamente, antes que ningún tribunal dictara sentencias firmes sobre procesos que nunca se iniciaron, les estaba devolviendo la libertad junto con sus preciados “derechos políticos” intactos, con los que, a pesar de haber atentado clara y directamente contra el sistema democrático, podían participar activamente en él, como efectivamente hicieron.

El último dato que se puede destacar de este periodo presidencial está referido esencialmente al proceso electoral en el que resultó ganador el exmilitar golpista indultado, Hugo Chávez Frías.

El primer asomo de la descomposición interna de los partidos políticos tradicionales se vio claramente en la aglutinación de tan variadas ideologías bajo las banderas de “El Chiripero” que había llevado al poder al Presidente Caldera; una descomposición que seguiría su inexorable marcha a lo largo de su presidencia y que al inicio de la campaña electoral sentenciaría su desenlace casi desde el primer momento.

El hoy Presidente Chávez inscribió su candidatura al frente de un partido político que se llamó Movimiento Bolivariano Revolucionario, MBR, manteniendo como consigna, en un primer momento, un intenso llamado a la abstención, mientras tanto, la ex Miss Universo Irene Sáez, tras una relativamente exitosa gestión como alcaldesa del Municipio Chacao en Caracas, disfrutaba el tránsito de sus aspiraciones presidenciales como independiente con cierta comodidad frente a unos partidos políticos tradicionales sumidos en el mas absoluto caos bajo una dirigencia decrépita y totalmente desfasada de las realidades y necesidades de los electores y del pueblo en general.

La situación cambió para agudizarse aun mas cuando viejos y muy experimentados políticos, (Luis Miquilena, Jorge Olavarría, José Vicente Rangel y muchos otros) se sumaron, en diversos grados de compromiso, al movimiento del candidato Chávez, aportando su experiencia, conocimientos, contactos y poder de convocatoria a la, si bien mas discreta pero determinante, ayuda que el candidato estaba recibiendo de poderosos factores económicos que pensaban medrar a su sombra; el resultado de esta incorporación fue el radical cambio en el mensaje del candidato, pasando del rabioso llamado a la abstención electoral a una muy intensa campaña política para alcanzar la presidencia.

El efecto inmediato de este cambio fue la profundización del desfase y la pérdida de todo sentido político de los conductores de los partidos tradicionales, (que después de tan triste actuación entraron en una etapa “terminal” de la que aun no se han recuperado), también la pérdida de las ventajas iniciales de la “independiente” Irene Sáez y finalmente, la victoria electoral del candidato Chávez, quien asumió el cargo el 02 de Febrero de 1999, jurando sobre la constitución que, a pesar de sus acciones anteriores contra ella le permitió llegar a ese momento y a la que, sin embargo, y frente a quien entregaba el mandato, uno de sus redactores, el compungido y debilitado Rafael Caldera, se refirió como “Moribunda” ... Moría en ese momento mucho más que el texto constitucional...

Hasta aquí quiero dejar, “por ahora”, este extenso y sin embargo somero repaso de nuestra historia reciente; y quiero pedir, a los que han tenido la enorme paciencia de leer estos artículos, que los vuelvan a leer con calma, y que extraigan los elementos necesarios para seguir adelante: ya mencioné los fundamentos teóricos y filosóficos del socialismo, también las formas como esta corriente política ha accedido al poder, y hoy comenté cuales fueron las circunstancias que facilitaron la llegada al poder de quien nos ofrece la versión del Siglo XXI de esto que hemos estado revisando.

A la luz de todos estos datos y junto con la realidad evidente de Venezuela en estos últimos 9 años, registrada por todos los medios posibles para la historia y con el apoyo de la definición, (extraída de la muy accesible “Wikipedia”), que les ofrezco a continuación y que en el artículo de mañana les diré qué define a los que no lo sepan, el tema de los disfraces queda dilucidado, o al menos debería quedar dilucidado pues mañana ese será el tema: lo que se esconde tras el disfraz.

Esta es la definición: “Exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y suprime los localismos en beneficio del centralismo. Utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder en el que se concentra todo el poder. Aprovecha los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común real o imaginario, interior o exterior, que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de forma irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población. Es expansionista y militarista, utilizando los mecanismos movilizadores del irredentismo territorial y el imperialismo que ya habían sido experimentados por el nacionalismo del siglo XIX”...



1 comentario:

La Flaca Simplona dijo...

El último párrafo me puso la piel de gallina...

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