sábado, 25 de agosto de 2007

La Reforma Constitucional (Art. 100)

Un pasito más y ya entramos en el Capítulo VI del Título III, el aparentemente anodino y puramente declarativo Artículo 100.

Aunque la propuesta de reforma de este Artículo es otro de los “caramelitos” ofrecidos (uno de los más propagandísticos por cierto), en general las modificaciones que se le proponen no son muy grandes, más allá de la adición de palabras rimbombantes y la manifestación, a nivel constitucional, de los conflictos psicológicos, emocionales y morales de su propulsor; en realidad no hay necesidad de que nos detengamos mucho tiempo en este Artículo pero no he podido evitarlo porque me siento ofendido e indignado por sus implicaciones.

El texto vigente del Artículo 100 dice lo siguiente:

Las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de la igualdad de las culturas. La ley establecerá los incentivos y estímulos para las personas, instituciones y comunidades que promuevan, apoyen, desarrollen o financien planes, programas y actividades culturales en el país así como la cultura venezolana en el exterior. El Estado garantizará a los trabajadores y trabajadoras culturales su incorporación al sistema de seguridad social que les permita una vida digna, reconociendo las particularidades del quehacer cultural, de conformidad con la ley.”

Formalmente, como digo, las modificaciones se limitan a la adición de palabras al comienzo, incluyendo un “concepto” que sugiere una referencia a las razones lógicas y fundamentales del muy manido proyecto de integración suramericana y que apunta, en la siguiente frase, a una precisión por omisión a mi juicio llamativa, intencionada y molesta y, finalmente, a separar por completo la última frase, relativa a la incorporación de los trabajadores y trabajadoras culturales al sistema de seguridad social, en un párrafo independiente conservando, sin embargo, su texto exactamente igual al vigente. Veamos como quedó redactado y después lo comentamos:

La República Bolivariana de Venezuela es el producto histórico de la confluencia de varias culturas, por ello el Estado reconoce la diversidad de sus expresiones y valora las raíces indígenas, europeas y afrodescendientes que dieron origen a nuestra Gran Nación Suramericana. Las culturas populares, la de los pueblos indígenas y de los afrodescendientes, constitutivas de la venezolanidad, gozan de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de la igualdad de las culturas. La ley establecerá los incentivos y estímulos para las personas, instituciones y comunidades que promuevan, apoyen, desarrollen o financien planes, programas y actividades culturales en el país así como la cultura venezolana en el exterior.

El Estado garantizará a los trabajadores y trabajadoras culturales su incorporación al sistema de seguridad social que les permita una vida digna, reconociendo las particularidades del quehacer cultural, de conformidad con la ley
.”

El reconocimiento que se hace en la primera frase es una verdad histórica inocultable y por lo tanto su expresión es ociosa pero, a fin de cuentas, no estorba y no es eso lo que me llama la atención.

Lo que llama la atención es que, si bien se declara que las raíces indígenas, europeas y afrodescendientes son las que dieron origen a la “Gran Nación Suramericana” refiriéndose claramente al CONTINENTE que pretende integrar bajo su hegemonía, a continuación se excluya a la “raíz europea” de los elementos culturales constitutivos de “la venezolanidad”, como si tuviésemos que interpretar... ¿qué?... ¿que Venezuela es la excepción que confirma la regla declarada para el resto del continente? ¿que en todos los demás países suramericanos los europeos tuvieron participación en el mestizaje racial y cultural menos en Venezuela?...

Esto no es más que la constitucionalización de la verdadera xenofobia que de la mano del presidente y su régimen se está empezando a asentar en Venezuela y de los profundos complejos que viene arrastrando el impulsor de esta reforma; perniciosos sentimientos de rabia y frustración dirigidos hacia todo aquello que él no comprende ni aprecia y que por tanto supone no le es afín y que espera le ganen la simpatía y aprobación de un puñado de alterados incapaces de discernir con claridad cual es la realidad histórica y social de este país, probablemente uno de los muy pocos (si no el único) de toda Latinoamérica en el que el proceso de integración, racial y cultural; el hermoso y casi mágico mestizaje que definió Arturo Uslar Pietri como lo “verdaderamente nuevo” del “Nuevo Mundo”, que comenzó bajo el signo de la violencia hace ya más de 500 años pero que con el tiempo encontró su cauce y ha avanzado armónicamente y sin interrupciones ni exabruptos hasta nuestros días, dando colorido, profundidad e indiscutible valor a la verdadera venezolanidad, social, racial y culturalmente hablando.

Como venezolano descendiente de europeos esta “precisión” me produce repugnancia y vergüenza ajena, y levanta la liebre de mis suspicacias pues me parece que por esta grieta apenas perceptible se pueda colar en el futuro, no necesariamente lejano, la tan rumoreada eliminación del derecho a la doble nacionalidad que disfrutan los europeos y sus descendientes u otras medidas por el estilo o peores, incluso la proscripción de todo lo que no sea “indígena” o “afrodescendiente” como si tales conceptos, ajenos por completo a nuestro pensamiento racialmente integrado, pudiese ser en verdad separado de lo que para nosotros, los venezolanos, es la verdadera venezolanidad.

No es el Sr. Chávez, ni su régimen, ni su proyecto monárquico quienes deciden lo que es “la venezolanidad”, lo que es venezolano y lo que no; no son ellos quienes deciden quienes son venezolanos o no por medio del repugnante rasero de la pureza racial o cultural; ¿qué van a hacer entonces con “sujetos” como mi hijo?... Para “producirlo” se echaron en la “licuadora” del tiempo y las vicisitudes muy variados ingredientes: semitas norafricanos, canarios, vascos, celtas gallegos y asturianos, guaiqueríes y timotes... ¿qué etiqueta le ponemos?, ¿con qué símbolo marcamos sus ropas?... nació en Caracas pero ¿es venezolano? Puede ser, pongamos la lupa: tiene raíces indígenas, tiene raíces africanas y tiene raíces europeas... ah no, entonces no es venezolano, es SURAMERICANO... ¿?...

Este es uno de los Artículos más “publicitados” y alabados del proyecto por los defensores de la reforma: el “elevar” a rango constitucional “los ingredientes” indígena y afrodescendiente como los “únicos” componentes de “la venezolanidad”, y esta “hazaña” se publicita como un “gran logro” del presidente... Mejor ponemos las cosas en su justa perspectiva y dimensión: ese “logro” es mucho más amplio que ese simplismo etnocéntrico y xenofóbico y mucho más viejo que todos los que estamos vivos hoy día sobre la faz de la tierra y se lo debemos a nuestra muy venezolana y natural disposición a recibir, a integrar, a albergar, a proteger, a aceptar y a hermanar a todo al que se acercó a nosotros; características de la más pura y verdadera venezolanidad, la que hasta ahora ha sido envidia de muchos pueblos del mundo que si fueron históricamente víctimas de la obtusa y retrograda discriminación racial y cultural con la que el gobierno quiere ahora distorsionar la armonía y la paz de lo que para nosotros es nuestra esencia.

En todo caso el “logro” del presidente es el de querer pervertir nuestra historia y nuestra naturaleza... ¿Cuál será el siguiente paso?, ¿una nueva proclama bolivariana? ... “Españoles y Canarios... segundo round?...

Si lo que parece ocultarse tras este Artículo es así como lo interpreto... pues que asco y que vergüenza, mañana sigo...

Saludos.



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